¡Ojalá hubiera un libro que gozara del dichoso privilegio de circular incesantemente de mano en mano en esa inmensa población diseminada en nuestras vastas campañas, y que, bajo una forma que lo hiciera agradable, que asegurara su popularidad, sirviera de ameno pasatiempo a sus lectores!
Pero:
- Enseñando que el trabajo honrado es la fuente principal de toda mejora y bienestar.
- Enalteciendo las virtudes morales que nacen de la ley natural y que sirven de base a todas las virtudes sociales.
- Inculcando en los hombres el sentimiento de veneración hacia su Creador, inclinándolos a obrar bien.
- Afeando las supersticiones ridículas y generalizadas que nacen de una deplorable ignorancia.
- Tendiendo a regularizar y dulcificar las costumbres, enseñando, por medios hábilmente escondidos, la moderación y el aprecio de sí mismo; el respeto a los demás; estimulando la fortaleza por el espectáculo del infortunio acerbo, aconsejando la perseverancia en el bien y la resignación en los trabajos.
- Recordando a los padres los deberes que la naturaleza les impone para con sus hijos, poniendo ante sus ojos los males que produce su olvido, induciéndolos por ese medio a que mediten y calculen por sí mismos todos los beneficios de su cumplimiento.
- Enseñando a los hijos cómo deben respetar y honrar a los autores de sus días.
- Fomentando en el esposo el amor a su esposa, recordando a ésta los santos deberes de su estado; encareciendo la felicidad del hogar, enseñando a todos a tratarse con respeto recíproco, robusteciendo por todos estos medios los vínculos de la familia y de la sociabilidad.
- Afirmando en los ciudadanos el amor a la libertad, sin apartarse del respeto que es debido a los superiores y magistrados.
- Enseñando a hombres con escasas nociones morales que deben ser humanos y clementes, caritativos con el huérfano y con el desvalido; fieles a la amistad; gratos a los favores recibidos; enemigos de la holgazanería y el vicio; conformes con los cambios de fortuna; amantes de la verdad, tolerantes, justos y prudentes siempre.
Un libro que todo esto, más que esto, o parte de esto enseñara sin decirlo, sin revelar su pretensión, sin dejarla conocer siquiera, sería indudablemente un buen libro; y por cierto que levantaría el nivel moral e intelectual de sus lectores aunque dijera naides por nadie, resertor por desertor, mesmo por mismo, u otros barbarismos semejantes.
José Hernández, La vuelta de Martín Fierro.
[Yo me he permitido añadir los números: sólo los números]
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