Me disponía ahora a escribir mi tercer Cerrado de la serie, CERRADO POR QUIEBRA (A LOS ACREEDORES, LAS GRACIAS), cuando, de pronto, me he dicho a mí mismo: “Pero, Antonio, querido y estúpido Antonio, ¿cómo vas a seguir tonteando con los cerrados en un blog cuyo nombre significa Ciertamente está abierto? Deja de jugar a ser la imagen de la crisis económica; y si tienes algo que escribir a tus visitantes, se lo escribes, y si no, echas la siesta, y a lo mejor sales ganando, o por lo menos más descansado”.
Y creo que lo que me ha pasado es que he vuelto andando a casa, desde el instituto, bajo una tromba de mil diluvios, con mi chubasquero de todo barato y mi paraguas con goteras; y me he acordado de cuando yo me cargaba las pilas corriendo, en el monte, en la carretera de El Faro o en la playa del Rinconcillo; y mis pilas se cargaban mejor si atravesaba un aguacero. Y me he acordado también de ese poema de Marzal en el que nos cuenta una salida futinera por los montes de su pueblo mientras caía la de hoy. Y luego, después del almuerzo con mi señora y mi pequeña, que también ha llegado nadando desde su instituto, hemos leído una carta de mi hija mayor, que está en París, una carta de las de antes, a mano y en unos cuantos folios. Y después, mientras recogía la cocina, me he dicho que yo soy de campo, y que me iba a poner la Pastoral de Beethoven: la calma y la tormenta…
Y ya termino. Termino con el final del aludido poema de El corazón perplejo:
Volví mis pasos bajo la tormenta
y comencé el descenso.
No me he sabido nunca
tan a resguardo estando a la intemperie.
Filed under: Apuntes |
Pues te doy las gracias por haber cambiado tu idea primigenia y habernos regalado esta entrada y recordado estos versos de Marzal.
Carlos Marzal tiene en ocasiones versos de lo mas atinados. O será que los encuentro atinados según mi estado de ánimo.
El caso es que yo también te agradezco que andes por aquí revoloteando de nuevo.