A Juan Carlos Ragel Ramos
Veo a mis colegas en los interregnos de tres minutos, pero no puedo compartir un comentario con ellos. Yo me tomo la molestia de decirles una frase animosa, “ya queda menos” por ejemplo, y ellos me contestan con una caída de ojos. Porque andan morreando su botella de agua con la misma delectación con que Armstrong morreaba su trompeta.
En el interregno de tres minutos beben agua para aguantar y no liarse a guantazos… con la fotografía del Ministro del Ramo.
Por supuesto que las criaturas no tienen culpa ninguna. Y menos aún sus progenitores.
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