Ni de música sé, ni sé de letra. Yo tendría que haber vivido atado al carro de Manolo Escobar, siempre dispuesto a ladrar y a enseñar los colmillos a cualquiera que intentara descarrar al cantante.
Y, mira por dónde, me da por oír a Beethoven, ese himno final de la Novena…
Un himno que también es un diálogo entre una princesa y un toro, en presencia del coro, claro es; un coro de artistas como Ovidio, Rubens, Moro (que se pronuncia Moreau). ¡Alegría, alegría!
Y todos tan contentos, porque de tan copluda cópula va a nacer una nación. ¡Alegría, alegría!
–¡Qué nación ni qué leches! –dicen el Toro y la Euro–. Nosotros a donde vamos, es a ver el Festival de Eurovisión.
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