• Páginas

  • Archivos

  • noviembre 2023
    L M X J V S D
     12345
    6789101112
    13141516171819
    20212223242526
    27282930  

Amnistía y gobierno del derecho

Antonio Manuel Peña Freire. EL MUNDO, 28-11-23.

El Estado de Derecho es un ideal esquivo. Su concepto no es fácil de definir. Se habla con cierta frecuencia de él sin saber exactamente qué implica. Más preocupante aún: hay quienes le rinden homenaje para así poder traicionarlo. Entre los que se supone que lo conocen hay cierto consenso a propósito de sus virtudes. Bien entendido, no tiene frutos podridos, pues no parece razonable que quien aspira a gobernar de forma tiránica o atendiendo exclusivamente a sus intereses particulares se comprometa a respetar normas, formas, límites y procedimientos. Hay cierto consenso también a propósito de su fragilidad. El Estado de Derecho le pide al poder que asuma su naturaleza potencialmente perversa y abusadora, y que se constriña a sí mismo en atención a intereses de otros que corren en sentido contrario a los intereses particulares de quienes lo detentan.

Un ideal como ese, tan eficaz como frágil, merece ser definido con cierto detenimiento. Si no lo hacemos, corremos el riesgo, como advirtió Shirley Letwin, de que los intentos por repudiarlo pasen inadvertidos y de que algún día perdamos uno de nuestros bienes morales y políticos más preciados sin haber siquiera sido capaces de comprenderlo y valorarlo adecuadamente. Pensemos, por tanto, por un momento qué es el Estado del Derecho y por qué es importante.

En un reciente y brillante estudio, Gerald Postema (Law’s Rule) nos dice que el Estado de Derecho es un ideal complejo, históricamente decantado en variados eslóganes -gobierno de las leyes-, pero que en su núcleo hay un par de convicciones claras: que los ciudadanos no deben ser víctimas del ejercicio arbitrario del poder y que el derecho, por sus rasgos distintivos, es un instrumento adecuado para garantizar que el poder no se ejerce arbitrariamente. Quizás sea el derecho el único medio adecuado a ese fin: la alternativa habitual es la confianza en un gobernante puro y angelical, naturalmente incapacitado para hacer daño a aquellos a los que gobierna o para adoptar decisiones que antepongan sus intereses personales, o los de aquellos de los que depende su continuidad en el poder, a los intereses de los gobernados. Es evidente que solo quienes aún viven en una muy tierna infancia política pueden participar honestamente de esa creencia, tan pueril como irreal. Para quienes hace tiempo que dejamos de creer en príncipes puros como ángeles, aptos por ello para reinar como dioses, eso es sencillamente imposible.

¿Y cómo se sustancian esas convicciones que están en el núcleo del ideal del Estado de Derecho? Desde luego, se espera de quien gobierna mucho más de lo que resultaría si simplemente diese forma legal a su capricho. El Estado de Derecho es más que la mera forma legal de las decisiones de los poderosos, porque también demanda reflexividad y exclusividad. La reflexividad exige que las leyes se apliquen a todos, incluidos quienes con ellas gobiernan; es más, reclama que quienes gobiernan queden especialmente sometidos al derecho. Los poderes del Estado deben estar más intensamente constreñidos por el derecho que los propios ciudadanos. No es posible garantizar la soberanía del derecho si el gobernante puede dispensarse personal u ocasionalmente del cumplimiento de las normas para decidir del modo que le resulte más conveniente. El principio de reflexividad impone a quienes gobiernan un sometimiento especial al derecho, pues su sentido es someter al poder a control, protegiendo así a los ciudadanos de sus pulsiones arbitrarias. Por esta razón también, las acciones de gobierno están jurídicamente constituidas y quienes gobiernan no pueden ejercer más acciones que las conferidas, mientras que los ciudadanos pueden hacer lo que el derecho no prohíbe. De ahí la exclusividad: quien gobierna no tiene más poder que el que le viene atribuido por el derecho y sus normas. Los poderes implícitos y las prerrogativas tácitas son, en línea de principio, contrarios al Estado de Derecho.

La conjunción de estos elementos es devastadora para quienes afirman que la Constitución española habilita tácitamente al poder legislativo a amnistiar a quien considere oportuno, y mucho más si la amnistía afecta a quienes en ejercicio de funciones de gobierno han incumplido las leyes o a quienes al poder convenga. La Constitución solo permite que, por razones justificadas y debidamente motivadas, se pueda aliviar la responsabilidad de quien ha cometido un ilícito, condonando total o parcialmente su condena. Esta facultad está expresamente contemplada en la Constitución y, aunque contraria a la integridad del Estado de Derecho, no es devastadora para los principios que este ideal expresa: al fin y al cabo, el infractor ha sido juzgado, la ilicitud declarada y la responsabilidad decretada, por mucho que esta luego resulte total o parcialmente aliviada. Eso es una cosa y otra, radicalmente distinta, es que el poder se proclame tácitamente habilitado para bloquear la posibilidad de que el incumplimiento de las leyes sea oficialmente declarado, que es tanto como considerarse competente para eximir del cumplimiento de las leyes. Esto equivale a una vulneración flagrante del principio de exclusividad, pues quien gobierna asume poderes que el derecho no le ha atribuido formalmente.

Esta habilitación no es compatible con el Estado de Derecho y solo podría admitirse si la Constitución expresamente la contemplase. Aun así, incluso en el caso de que la habilitación fuera explícita, no estaría justificado que el poder se eximiera a sí mismo o eximiera a quien a él convenga del cumplimiento de la ley. Esto carece de toda justificación y es contrario al principio de reflexividad, por pretender el gobernante eximirse a sí mismo o a aquellos de quienes depende su continuidad en el cargo del cumplimiento de las normas cuyo acatamiento exige a otros.

Hay otra manifestación del ideal del Estado de Derecho que permite cuestionar la legitimidad de la Proposición de Ley de Amnistía: el Estado de Derecho exige que todos los que están sometidos al derecho estén igualmente protegidos por él. No son admisibles, por tanto, decisiones ni tratos diferenciados que coloquen a unos individuos fuera del ámbito de protección que el derecho ofrece. Sin embargo, la amnistía, tal y como está planteada, implica declarar que quienes vieron cómo las autoridades catalanas intentaron privarlos de algunos de sus más esenciales derechos no merecen la protección del derecho. Unos quedarán exentos de cumplir la ley y, correlativamente, los otros quedarán privados de su protección.

junto a estas lesiones tangibles al Estado de Derecho, hay otra no menos grave: la grosera exhibición del desprecio al Estado de Derecho es letal para este ideal, como lo es también la generalización de la impresión de que el Estado de Derecho no es un instrumento útil para limitar el poder, sino una herramienta en sus manos hábil para permitir su arbitrariedad y satisfacer su conveniencia. Es evidente que quienes componen el Gobierno de España no se consideran a sí mismos ni remotamente comprometidos con el Estado de Derecho y es manifiesto que conciben el derecho como una herramienta para la satisfacción de sus intereses particulares, es decir, como un instrumento útil que permite proyectar la ley con todo su rigor contra la oposición o los ciudadanos desafectos y utilizarla como moneda de cambio para comprar lealtades y torcer voluntades que permitan la continuidad en el poder de quien hoy lo detenta.

En definitiva, en ausencia de una habilitación expresa, en un Estado de Derecho no es constitucional amnistiar a nadie y, si esa habilitación se diera por válida, no debería interpretarse en ningún caso en un sentido que permitiese a quien detenta el poder ni amnistiarse a sí mismo ni a quien a sus intereses particulares convenga. No hay nada más contrario al Estado de Derecho que un gobernante que se cree habilitado a eximir a quienes gobiernan del cumplimiento de las leyes. Bueno, quizás sí: que, en lugar de hacerse por ley, se hiciera mediante alguna simple proclama -amnístiese, amnístiese-. Aunque el recurso a la ley, en nuestro caso, parece la excusa necesaria para poder traicionar el Estado de Derecho sin que se note demasiado. Desde luego, nada de esto debería pasar.

Antonio Manuel Peña Freire es catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad de Granada

Octubre

1
Torpeza

Con cuatro manchas de salsa
en mi camiseta blanca.
Hebe me lo avisa franca
y no con ceguera falsa
se lo calla. ¡En qué balsa
he metido la patita!
–Torpe, las manchas las quita
la acción de la lavadora.
–Lo que yo lamento ahora
es mi torpeza maldita.

2
Socavón

No labramos la honradez.
Este país casi isla,
país donde se legisla
con torpeza y rapidez,
se va llenando de hez
en los estratos que son
base de sustentación
de la sana convivencia.
Que la Santa Providencia
nos saque del socavón.

3
Desahogarte

Cuando quieras desahogarte,
considera necesario
un paseo solitario.
No querrás que tome parte,
mejor emigras a Marte,
de tu vómito un amigo.
Un amigo es un testigo
de tu fuerza y tu valía;
no se enorgullecería
de que potes en su abrigo.

5
El futuro

El futuro es esta tarde;
si optimista, esta semana.
Es que nunca tengo gana,
será porque soy cobarde,
de otear lo que me guarde
ese mentado futuro.
Estoy viejo, me murmuro:
o seguir envejeciendo
o vestir último atuendo
y caerme de maduro.

6
Suculentos

He cogido de sus matas
más de quinientos pimientos;
que van a estar suculentos
fritos, con todas sus gratas
compañías. Cuando catas
un plato así de rural,
sientes que has subido al
empíreo de las cocinas,
en el que nunca terminas
una comida ideal.

7
Hay granujas

Hay granujas con afán
de dominar a la gente;
y lo han logrado frecuente-
mente, aunque después han
pagado por vicio tan
miserable y destructivo.
Tras un cálido recibo,
con su gloria sucia y rota
se han mostrado en la picota
para cantar su derribo.

9
Bueno y malo

El odio no es alimento,
es un potente veneno
que va dañando lo bueno;
se adueña del aposento
que le abre el poco atento
a la fina observación.
Los humanos todos son
mezcla de bueno y de malo.
Lo que tienes bueno, dalo;
lo malo quede en prisión.

10
Religión

La religión da consuelo
y también da fanatismo.
Bien te hunde en un abismo
en que te pudres de celo,
bien promete darte un cielo
donde reina la armonía.
Mejor el hombre se avía
sin dogmas ni religión,
sin la ignorante ilusión,
sin la ominosa porfía.

11
Siesta

Ahora son las tres y cuarto
de la tarde. Esta parte
del pueblo goza del arte
de la siesta. Yo me aparto
y me echo cual lagarto
sobre soleada roca.
Descansar es lo que toca
y hasta dormir cuando hay suerte.
Que me duerma y me despierte
Morfeo sin prisa loca.

12
Nacional

Un Estado de Derecho,
en el que, Libres e Iguales,
sigamos los Ideales
de Honestidad en el Pecho,
Intimidad en el Lecho,
Libertad en la Cocina
y al que enseña y examina,
Respeto y Veneración;
Porque los Maestros son
nuestra Fuerza más Divina.

13
Esta mañana

He leído, he paseado,
he hablado con mi señora
por teléfono, que ahora
ella se entrega al sagrado,
bendecido, venerado
oficio de ser abuela.
La semana entrante vuela
y vuelve con el abuelo,
que no despega del suelo,
antes en el hoyo cuela.

14
Juan Eslava

La Revolución Francesa
para escépticos contada:
confieso cuánto me agrada
ponerlo sobre mi mesa.
Hoy Juan Eslava regresa
a mi rincón de lectura;
y mi experiencia asegura
que no me defraudará.
Lo que Juan Eslava da
es historia dulce y dura.

15
Día negro

El gozo y el sufrimiento
se entremezclan cada día.
Cada paisano confía
en que dé más rendimiento
el gozo, pero, lo siento,
no siempre sucede así.
Te puede tocar a ti
un día negro, infernal.
Aguanta y, tras ese mal,
dirás bien sobreviví.

16
No a los tontos

Tienes que tener cuidado
cuando entrevistas a un tonto;
o podría ser que pronto
el tonto te haya llevado
a su charca o a su prado.
A los tontos hay que huirles,
no atenderlos y servirles;
ponerles plato en la mesa
te puede dar la sorpresa
de que, birlado, no birles.

17
Logojuego

La palabra logojuego
aún no está en el diccionario;
pero usamos a diario,
tanto el docto como el lego,
ese jovial corto y pego
en el habla coloquial.
La lengua es riqueza tal
que todo el que mueve el pico,
sin llamarse Federico
ha fe de rico cabal.

17
Ese aseo

Lo que es salvaje apostura
en un joven, en un viejo
puede ser triste reflejo
de abandono o de locura.
Así que, viejo, procura
no descuidarte en tu aseo.
Estés más guapo o más feo,
siempre estarás presentable:
cuerpo limpio, rostro afable
y buen uso del usteo.

18
Desde el coche

Me encuentro con un amigo;
él llega en coche, yo a pie.
Él me dice que me ve,
mientras yo mis sendas sigo,
desde el coche, buen abrigo
si no te da claustrofobia;
o si eres joven con novia;
pero si eres un pureta,
alpargata o bicicleta,
que no te vas a Varsovia.

19
Serva ordinem

Tenemos muchos relojes
donde consultar la hora:
nunca caigas en demora.
Pues según siembras recoges,
nunca relajes o aflojes
la organización debida.
He mi cita preferida,
en latín, por si eres sordo:
“Serva ordinem et ordo
servabit te”. No se olvida.

19
Torpe España

Es Fernández-Villaverde
Jesús un economista
que lo borda en la entrevista
de hoy en El Mundo. Pierde
la torpe España que verde
se lo pone a los mejores.
No méritos, los favores
que te hagan por lameculos.
España es de los garrulos
y de sus fieles cantores.

21
La derrota

Nunca te des por vencido
al asumir la derrota;
porque la vida rebrota
con vigor. Lo tuyo ha sido
un despiste, un descuido
e inolvidable lección.
Vuelta al tajo con tesón.
Si una batalla se pierde
el perdedor la recuerde
como amarga bendición.

22
Libre

En mi ignara juventud
algún tiempo milité
en las huestes del PC.
Mas pronto por el talud
de la cívica virtud
de la independencia fui
deslizándome y viví
libre de dogmas y fes,
sin precisar más carnés
que mi escueto DNI.

23
Vendaval

Algún árbol vi arrancado
ayer por el vendaval.
Es que era un viento bestial.
Yo me anduve con cuidado
para no verme tirado,
volcado sobre la acera.
No me pudo el viento fiera
y con ánimo triunfante
al final me vi delante
de mi querida huronera.

24
Cinefilia

La segunda mitad del siglo XX
fue la etapa gloriosa de los cines.
Cuántas horas mirando las escenas
con las que nos metíamos en mundos
lejanos y reales y distintos
de nuestra pobre vida cotidiana.
Cuántas bandas sonoras
inolvidables y maravillosas
se produjeron para tantas pelis.
Tanto el cine nos tuvo embelesados
que habría que llamar a aquella época
el cinematoceno.

24
Los viejos

Nos vamos quedando atrás
mientras avanza la vida,
pero cada cual se cuida
para andar un poco más.
No pensamos en el cras,
miramos atentamente
lo que hay en el presente
y gozamos por lo bueno.
El mundo es un sitio ameno
que se tuerce de repente.

25
Pinchazo

“Hay ahora en el campo unos pinchillos…”
Me decía un día el buen Juan Pino.
Triste verdad: se clavan cual cuchillos.
Y así mi bici celestial devino
en cuerpo muerto junto a los tomillos.
Nada que lamentar: con tacto y tino
mi gran mecánico de cabecera
hizo lo que Juan Pino otrora hiciera.

26
Prensa

Día totalmente gris.
Mas voy a leer la prensa
para poder ver su inmensa
coloración… A un mal tris
de caer en el abis-
mo, o al contrario de subir
a un gran cielo de zafir
donde reina la alegría
estamos en este día.
Leer la prensa es vivir.

26
Hablar de más

Ya no soy conversador.
Quizá de joven lo fui.
Ese uso baladí
del habla es flaco favor
al saber y hasta al sabor.
“De toda palabra ociosa”,
mira si es seria la cosa,
habremos de rendir cuenta.
Menda nada más comenta,
platica, murmura, glosa.

27
La alondra

Una recomendación.
“La alondra ascendiendo” es
de un compositor inglés.
Óyela con atención
y te elevarás al son
de las notas del violín.
Si estás en un día sin
contentamiento, sin más
que pesadez, te darás
un vuelo de querubín.

28
Birra

Para ver si se me pasa
la gana de una cerveza,
hinco codos en la mesa
y en serio pero de guasa
meto manos en la masa
que me ha dejado la musa
por si hallo en su confusa
imprecisión la precisa
inspiración que me avisa:
“La birra no se rehúsa”.

28
Los viejos (2)

Tan inútiles no somos,
hacemos lo que podemos.
Evitamos los extremos,
no queremos mayordomos
y cabalgamos a lomos
de nuestra leal butaca.
Es una cómoda jaca
que jamás se nos desboca
y que necesita poca
cebada, paja o estaca.

30
Agradecer a la vida

Necesario agradecer
a la vida tantos dones.
Si ahora mismo te pones
con serenidad a ver
lo que te ha dado el ayer,
un estúpido serías
si las grandes alegrías
que la vida te ha donado
no te dan mayor agrado
porque tú las merecías.

31
31 de octubre

Mañana de buganvilla,
quiero decir que de poda.
No he asistido a la boda
de Princesa con Pandilla
que de Pamplona a Sevilla
habita la Piel de Toro.
Mas mi ausencia no es desdoro
de tan gran celebración.
Para Leonor mi canción,
por España río y lloro.