Cuando yo era pequeño,
mi ropa era la puesta.
Mi madre la escondía
a la hora de la siesta.
Así neutralizaba
mi bravura, dispuesta
a conquistar el mundo.
Mi mundo:
iba desde la cuesta
del camino de Dílar
hasta la acequia; ésta
era mi Mississippi,
mis lagos, mi floresta
(agua limpia de sierra:
últimamente apesta).
Mi madre pretendía
doblegarme la cresta;
mas yo era mucho gallo,
héroe de dura testa…
Cuando ella se dormía,
yo escarbaba en la cesta
hasta hallar mi armadura.
E iniciaba mi gesta.
Filed under: Poemas | 6 Comments »