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Un e-mail o un emilio, pero no un emiliki

A estas alturas de la siesta del domingo (no de cualquier domingo: del que nos ha traído la circular que proclama el advenimiento oficial de la primavera), a estas alturas de esta siesta, si yo tuviera que dividir el mundo en dos clases de personas, no lo dividiría en hombres y mujeres, ni en menores y mayores, ni en finos y rudos… Diferenciaría entre quienes, cuando hacen algo, piensan ante todo en hacerlo bien, y quienes piensan ante todo en sacarle beneficio.

Hace pocas semanas cierto colega que ya no es colega, cierto colega que le ha sacado a ser colega el beneficio de no serlo, me comentaba que, el e-mail, él lo considera un híbrido entre la expresión oral y la escrita… Puse cara de no entenderlo, porque, para mí, lo que escribimos en un e-mail es, evidentemente, escritura.

–Si abres tu correo –me dijo—y te encuentras treinta o cuarenta mensajes a los que debes contestar, no tienes más remedio que escribir de cualquier manera.

–Es cierto, es cierto –contesté yo, que nunca me he encontrado juntos más de dos o tres  correos, caso omiso a los SPAM.

Y en ese momento recordé que he recibido de amigos con títulos académicos superiores, e incluso con cátedras universitarias, mensajes que habrían abochornado a sus maestros de primaria. En las palabras de mi interlocutor estaba la clave: tenían muchos mensajes a los que dar respuesta.

Yo… ¿qué quieren que les diga? Si no tuviese tiempo para contestar debidamente, o sea, con buena escritura, a los cuarenta mensajes, sino sólo a cuatro, seleccionaría los cuatro más importantes para enviar la cumplida respuesta. La otra manera de actuar, la de contestarlos todos aunque distraídamente para no avergonzarse uno mismo de lo que está escribiendo, me recuerda las chapuzas de albañilería llamadas ”tente mientras cobro”.

Y si me apuran diré: Si tengo que contestar a los cuarenta, contesto bien a los cuarenta; dado que más vale una sola línea de verdad bien escrita que cuarenta insoportables líneas de escritura cochambrosa. Porque en una sola línea cabe mucho. Y mucho bueno.

Amigo lector, mándame un e-mail.

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