Confieso humildemente que soy vago,
y gusto del poema cuando breve.
Con ocho versos ya me satisfago;
y más, es escribir más que se debe.
No océanos me deis: un leve lago,
una mínima barca, y que me lleve
la brisa mansamente a la otra orilla;
distante no mil leguas: media milla.
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Vago, quizás, pero poeta, SI.
Me pregunto si me cansaré alguna vez de leer a mi profe… Un abrazo fuerte desde muy lejos en la distancia y muy cerca en el corazón.
¡Qué puñalada de cariño me has clavado, Irene! Aspiro a merecerla. Un beso muy grande. Y mis deseos totales de que tengas mucha suerte donde quiera que estés.
Estoy en la ciudad de Cervantes, y paso por la universidad que fundó Cisneros para ir al trabajo.
Trabajo y estudio aquí en Alcalá, es precioso, hay bibliotecas por todas partes, es una maravilla vivir donde nació Cervantes, aunque ahora le estoy siendo un poco infiel con Juan Eslava Galán.
Querida Irene:
Leyendo a Eslava no le eres infiel a Cervantes, sino que sigues en su estela. El primer libro que leí de Eslava fue precisamente «El comedido hidalgo» (si no me falla la memoria, ese es el título): la biografía novelada de un tramo de la vida de Cervantes. Y me encantó. Desde entonces he leído de Eslava todo lo que he podido; por desgracia… ¡no todo lo que hubiese querido!
Un beso. ¡Y mucha suerte en todo!