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Amas de casa de antes, políticos de ahora

Antes… hace… digamos medio siglo,

las amantes sin más amas de casa

sobre el roto cosían el remiendo.

Amantes sin más no: eran honestas.

Por el roto entra el frío, entra lo malo.

y el cuerpo de los hijos, del marido

merecía su amor y protección.

Hacendosas mujeres de aquel tiempo:

Los próceres que ahora nos gobiernan

no han heredado vuestro buen sentido…

Donde tendrían que coser remiendo,

atan cinta y cartel: “Prohibido el paso”.

Donde habría de haber mejor remedio,

ponen remiendo, o sea, vergonzante

cortina mensajera en la que graznan:

“Tened paciencia: estamos trabajando”.

¡Cómo vivir sin dogmas!

Mi amigo JS me dice que un hijo de su amigo J se ha vuelto de derechas. Y para decírmelo baja el tono, asordina la voz, y me da la impresión de que mira de reojo a izquierda y derecha; incluso a izquierda, derecha, izquierda, antes de decirlo, no vaya a ser que haya oídos indiscretos que tan grave declaración escuchen: “Se ha vuelto de derechas”; tan terrible como hubiera sonado hace unas décadas “se ha metido a puta”, o “se ha declarado maricón”.

Cuando los curas tenían el poder, o mucho poder al menos, los dogmas eran los dogmas de la Iglesia. Cuando Franco estaba vivo, los dogmas incuestionables eran los del “Movimiento”, que, unido a la Iglesia, erigió, con su panoplia de dogmas, el Nacional Catolicismo.

Ahora en España, o en lo que va quedando de España, hay otros dogmas. Por ejemplo: negar el Cambio Climático equivale a una declaración de ateísmo de los años cincuenta. Y hacer un chiste sobre ciertas sensibilidades ecológicas es tan grave como era en los años sesenta contar una historieta en la que un capellán castrense bendice con su personal hisopo a la complaciente feligresía del prostíbulo.

Ahora cualquier adolescente de la ESO  es ecologista; por eso, no le deis para cenar un bocadillo de jamón, queso y tomate: llamad a Telepizza, que es lo ecológico; no le digáis que vaya andando a visitar a su abuela, que vive a dos kilómetros: llevadlo en coche, que es lo ecológico.

Ahora mis admirados escritores progresistas, ecologistas a machamartillo, despotrican contra los gobiernos que  no tienen sensibilidad ecológica, pero jamás considerarían un exceso cruzar el Atlántico para pasar un par de días de asueto en NY; ni tampoco costear una cuádruple vivienda, cada una en una punta el planeta: lo necesitan para vivir sin sentirse apretujados. Y además, una cosa es el ómnibus ecológico y otra cosa es la cartera: quien paga, puede.

Por tanto, ¿qué diré para terminar mi sermoncillo de hoy? Diré: ¡Gran ojo con los granujas! O diré evangélicamente: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, farsantes!”. O diré evangélicamente en latín: “Et exiens vidit turbam multan Iesus, et misertus est super eos, quia erant sicut oves non habentes pastorem”.

Es la grúa