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El teatro de la revolución

Recomiendo leerlo siquiera dos veces:

https://elpais.com/elpais/2019/02/14/opinion/1550149602_761558.html

Mujeres

Sobre la bici, salgo del pueblo y en seguida me encuentro con una concentración de ciclistas mujeres. Están paradas y, según deduzco por otras con las que me voy cruzando, reagrupándose.

Y enseguida pienso en lo que ha cambiado, desde que yo era un veinteañero en las postrimerías del franquismo, la sociedad española.

La democracia, sí. Y la participación femenina en todos los ámbitos de la actividad humana. No me debería extrañar; y no me extraña, pero me congratula y emociona.

Pasé de un instituto masculino, el Padre Suárez de Granada, a una Facultad, la de Filosofía y Letras, en la que la representación femenina era abundante, especialmente en mi especialidad, las Románicas.

Luego he ejercido una profesión, la docente, en la que las mujeres estaban en una proporción similar a la de los varones. En institutos en los que las chicas eran, en general, más estudiosas, y obtenían mejores calificaciones.

Cuánto ha mejorado la sociedad española en los últimos cuarenta años: por la participación femenina en todos los ámbitos. ¿Que no hay todavía una absoluta igualdad? Vale. Pero a ella vamos a buen ritmo.

El problema de la condición femenina ya no lo tiene el mundo (al menos no en grado severo) en los países de cultura occidental, sino en otros.

En otros en los que fracasó la primavera árabe. Un día, pronto, florecerá en ellos una primavera femenina. Y esa no fracasará.

Sembrador

Profe del instituto otrora compañero:

hoy te voy a escribir un e-mail en verso

para que no te olvides de que yo te recuerdo.

Hace no muchos años compartía tu empeño

y lloraba en tu hombro y oía tus consejos.

Deplorábamos juntos ver en un gallinero

convertido el amado, el venerado templo

del saber, destinado a discípulos buenos.

Han llegado al poder sucesivos gobiernos

pendientes solamente de tener sus traseros

en las altas poltronas. Nunca se propusieron

servir a la nación ni guiar a su pueblo.

Aun así, algo añoro el oficio, al que, en sueños

agridulces y erráticos, todavía regreso.

Tú realmente sigues laborando, ejerciendo.

Que no te desanime el absurdo, el inmenso

trabajo burocrático: despáchalo ligero.

No te desmoralice el panorama pésimo

que encuentras cada día donde orden, respeto,

interés por las ciencias, atención al maestro,

libertad responsable, amor por el progreso

deben siempre mostrar los que son verdaderos,

meritorios discípulos. Eres -así te veo-

sembrador. La simiente, de tu mano cayendo,

irá siendo acogida por diversos terrenos:

abonados y fértiles, pedregosos y secos.

Nuestra madre, la Tierra, hará que de provecho

resulte cada grano: todos caen en su seno.

Unos pican los pájaros, otros se hacen estiércol,

y otros germinan donde nadie cuenta con ellos.

Tú a lo tuyo, a sembrar con semblante sereno.

Decir “misión cumplida” será tu mayor premio.