No tienes más poder que el que te doy,
Triunfante Redentor o Dios rendido,
mas por ese poder ahora te pido
que me hagas mejor de lo que soy.
Acercándome al fin sé bien que voy
y temo que el castigo merecido
será mirar a tras y ver perdido
un tesoro de días como hoy.
No era necesario este destino:
ser algo más que agua y polvo inerte,
pero persona hízome mi suerte.
Por ello tengo un único camino
para que tú me acojas en tu seno:
ser buen hombre, Señor, ser hombre bueno.
Julio de 2005
Filed under: Poemas |
Deja un comentario