Oh diosa odiosa, que rendidos ves
a tus profanadores a tus plantas,
esperando el tortazo de tus santas
manos, o la patada de tus pies.
No nos mires, oh diosa, de través,
pues, aunque odiosa, oh diosa, nos encantas;
y de tu mano y pie aguardamos tantas
gracias,
que torta de tu mano gracia es
y gracia la patada que nos des.
Caídos en el vicio de creernos
sabios, bellos, divinos, inmortales,
lugar hemos ganado en los infiernos.
Mas tú nos librarás de nuestros males
si haces crecer en nuestra testa cuernos
y nos mandas a arar por los eriales.
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