Algún comentario de Mery (ver su blog en la columna de la izquierda) me ha llevado a releer estos días mi Antología de poesía lírica del poeta gaditano. Fue el primer libro no de texto, no de lectura obligatoria, que yo me compré, cuando era estudiante de 3º de Latín y Humanidades. Lo compré después de haberlo leído en el ejemplar de un compañero, que me lo prestó. Fue un libro que me entusiasmó, me enamoró, cuando era un seminarista de 14 años; y me aprendí de memoria no pocos poemas.
Esta relectura, al cabo de tanto tiempo, ha tenido que ver también con iniciarla por El poeta ante la guerra, poemas que no recordaba en absoluto. No hay en ellos, al menos no en los de esta antología (selección hecha por el propio autor), la esperable arenga de las tropas nacionales, de Franco; al contrario: “Habrá que hablar del alba y de la rosa: / y negarse a la arenga”, dice en un poema. Es más, en el poema que ahora copio, el poeta deja clara su opinión: “Esto lo hemos traído / entre todos, hermanos.” Lo copio entero:
DE SU COMPARTIDA RESPONSABILIDAD
Los pecados le hacen filo
a la espada de la guerra.
¿Quién es hoy el loco que duerme tranquilo
en la tierra?
Esto lo hemos traído
entre todos, hermanos.
No es un inmenso horror desprevenido:
¡es la obra de tus manos y mis manos!
Esa sangrienta luz de espada y fuego
sobre campos y ríos y ciudades,
renta es de aquel sosiego,
de aquellas liviandades.
Guerra en mis manos traída.
Muerte que trajo mi vida.
¡Qué tembló de miedo y frío!
¿Será el clavel de esa herida
la flor de aquel beso mío?
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