No hay zumbido más manso, más ameno,
que el del ventilador en el verano:
un iris gris, un vértigo sereno,
una música muda, un son liviano,
un ventalle de palmas puro y pleno
que adormece o despierta, nana o nano.
No nos falte su brisa cantarina
si la ira de Helios no declina.
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Podrías haber titulado «Octava elemental»; y ya se sabe que los poemas elementales siempre rescatan la grandeza de las cosas pequeñas.
Lindo poema .
Yo añado otro sonido veraniego, el del ala aleve del leve abanico.
Un abrazo