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Ver o no ver

Esta mañana he estado en el oculista. Después de tenerme sentado un buen rato en la silla de los aparatos, inclina la cabeza para acá, gira el cuello para allá, me ha dado hora para que vuelva el viernes en ayunas; que después de escrutarme la cara con sus máquinas infalibles, no me ha encontrado los ojos.

He bajado melancólicamente las escaleras (son más anchas que el llamador del ascensor) y me he echado a la acera. Con razón, me voy diciendo, en la calle no veo más que bultos; no me rijo por los nombres de las calles, sino por los vientos, como un can o un velero; por el tacto, como un beodo o un invidente; por el oído, como un contumaz analfabeto.

De todas formas me planteo la duda de acudir, o no acudir, a la cita del viernes. Creo que mis ojos no se esconden, sino que yo los escondo porque no quiero ver; porque ver es media verdad; porque ver es mentira.

Viajar por libro

O por blog.

Porque este insignificante maestrillo de Secundaria, para poder beber todos los días hasta fin de mes, tiene que controlar mucho los precios de lo que bebe (ya que no las cantidades). El güisqui de a seis euros la botella; y el vino de a sesenta… Eso: céntimos el cartón. ¡Con qué dinero viajar entonces!

Casi tan pobre estoy como aquel padre que le objetaba a mi amiga Marga, la maestra de Parvularia: “¡Cómo quiere usted que le compre el cuadernillo al niño, si yo no tengo ni pa tabaco!” Pues ¡cómo queréis ustedes que yo compre billetes de avión, si no tengo ni pa vino de cartón!

Yo, con tres libros de a ocho euros la unidad, echo el verano. Y ya los tengo aquí, en mi mesa (mesa sí tengo; y ordenador con Internet. Luego… no soy tan pobre). Astutamente, me he comprado tres libros en verso; porque en la primera lectura duran más; y, en los repasos, es más gustoso releerlos; e incluso aprendérselos de memoria, si el verano dura lo suficiente.

No pienso decir qué libros me he comprado. Bueno… Pondré aquí el título y el autor del que ya estoy leyendo; para que no se piense nadie que soy demasiado reservado: El misterio de la felicidad, de Miguel d’Ors.

Y también voy a seguir leyendo unos cuantos bloses amigos. Aunque alguno, el Romano por ejemplo, dice que el en verano necesita descansar, y piensa colgar en su ventana lo mínimo: el bañador enjuagado y poco más.

Pero tengo la suerte de que he descubierto una bitácora o ventánula preciosa. Me revienta ser honrado y poner aquí el nombre (otro pavo que me va a quitar clientela; habría que ahorcarlo): CAFÉ ARCADIA. El blog del escritor José Luis García Martín.

CAFÉ ARCADIA: hay que ser escritor de verdad para rotular con tanta clase, y tanto clasicismo, la cabecera de un blog. Yo hubiera puesto algo como BAR BEBITERRÁNEO. Total, para servir a la parroquia el vinazo de los vagabundos y el güisqui de los sans-toit…

En fin: que viajen los ricos y los escritores. Que yo, con mis tres libros de poesía, mis diez bloses amigos (con el de García Martín a la cabeza), mis rondas baratas en Certe patet, mis baños de mar a las ocho de la mañana y mis güisquis de cartón en cuanto el sol se pone, paso el verano tan ricamente.

Pasadlo bien vosotros, cada uno a su estilo.

Calamitusses

Elijo este título para una nueva categoría o sección en este blog. Me gusta más que el de Calamilapsus no sólo porque esta expresión es ya mostrenca, sino porque algo, a mi ver, tiene de inadecuada; ya que con ella nos referimos sólo a los deslices erróneos de la pluma, sin tener en cuenta que la pluma entintada (hasta la invención de las máquinas de escribir…) lo que hace siempre es deslizarse sobre el papel, tanto cuando el que la usa construye expresiones felices o geniales, como cuando construye errores más o menos chocantes o llamativos.

Quede claro que los más llamativos son los que a un servidor (de Certe patet) le van a interesar para esta sección: los más estridentes, ésos que suenan como las toses en el solo de violín en un concierto. Sólo, como diferencia, que estas toses no las produce un oyente del concierto, sino que se trata de la tos mental del violinista, que es transmitida al instrumento, que, a su vez, la “altavocea” a los oyentes.

Por supuesto, no hay, por mi parte, ninguna intención de ridiculizar a los usuarios de la pluma que aquí aparezcan… ¡Quién no comete errores! Incluso el más sabio: Aliquando bonus dormitat Homerus. Pero también es verdad que, para el que escribe –como para el que quiere hacer bien cualquiera otra actividad–, todas las revisiones son pocas; y dejarse llevar de la pereza en lugar de consultar una duda es algo a lo que todos estamos expuestos; y algo que todos, con la propia diligencia, debemos combatir.

“Este maestrillo –pensará el certepático lector—lleva un par de semanas sin corregir los escritos de sus alumnos; y ya le ha entrado el mono.” Tienes toda la razón, lector de Certe patet. Y un hábito no hace al monje, pero sí un conjunto de hábitos. De modo que tú también, si miras qué conjunto de hábitos cultivas, podrás saber con bastante precisión qué clase de monje eres.

Y entro ya en harina.

Podría decirse que está de oyente –strictu senso—en el Consejo de Ministros. Dice Francisco Rosell, hablando de don Manuel Chaves, en su artículo de El Mundo (05/07/09). Y si Rosell tiene razón en el contenido de esta frase (¡que la tiene!), llama la atención, e incluso resulta divertido, su error en el latinajo. El articulista recuerda que, en este sintagma latino, una palabra acaba en –u y la otra en –o, pero hace intercambio de estos finales vocálicos; y, tal como le queda, la secuencia recuerda a un niño pequeño que se pone los zapatos al revés: el derecho en el pie izquierdo, y el izquierdo en el pie derecho.

Antonio Heredero, de El País, bajito, cualquiera reconoce su voz inconfundible, habla a gritos, pone de chupa me dómine a todo el mundo […].

Juan Antonio Pérez Mateos, ABC. Serrano 61.Historia íntima del diario. Cien años de “un vicio nacional”. Ed. Libro-Hobby. Madrid, 2002.

La chupa de dómine a mí siempre me hace recordar la sotana del dómine Cabra, de Quevedo. Ambas, las sotana y la chupa, cubiertas por una pátina de mugre amasada en lustros sin lustre, y sin jabón. En la variante que aquí ha introducido el señor Juan Antonio hay un matiz soez del que, evidentemente, el original está exento.

La prensa alcanza la difusión que no logra conseguir el libro […].

Artículos periodísticos (1900-1998).

Con cuadros cronológicos, introducción, bibliografía, texto íntegro, notas y llamadas de atención, documentos y orientaciones para el estudio a cargo de Francisco Gutiérrez Carbajo. Ed. Castalia. Madrid, 1999.

Este antólogo de artículos habrá pensado que, como su libro está destinado a alumnos españoles de Bachillerato (o de “Secundaria Postobligatoria”), que son cortos de entendederas, lo mejor, para que vean que el burro está aparejado, es encasquetarle un par de aparejos. Y es por eso por lo que no escribe: “La prensa alcanza la difusión que no consigue el libro”.

Como Arcadi Espada: “Sigan con salud”.