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Eso que pasa

A Ángel González

Problemas cotidianos,

poemas provincianos,

postemas, pupas, granos,

prosemas en sus manos.

Inmigrantes

El poema, con ese título,  que copio a continuación forma parte de un cuaderno mío, que titulé en su día Cuando llega el dolor (más poemas fechados). Como puede apreciar el visitante de Certe patet, sólo es la versificación de una noticia recién leída en el periódico. Una triste noticia que, según indica la fecha al final, está punto de cumplir cuatro años.

Una lancha neumática.

A la deriva un ciento de inmigrantes.

Engañados, perdidos en el mar.

Nueve días perdidos en el mar.

Han muerto veintiséis.

Según iban muriendo, sus cadáveres eran

arrojados al mar por los restantes,

los que aún no habían muerto.

Han muerto veintiséis.

De Liberia, de Costa de Marfil

y de Sierra Leona.

Los hospitalizados en Sicilia

padecen de hipotermia, de deshidratación…

Dieciséis están graves.

No lo dice el periódico, pero indudablemente

eran jóvenes todos.

Sí precisa que cuatro eran mujeres.

Habían abonado una alta suma

de dinero por esta travesía…

Mas no nos alarmemos: es un caso entre muchos.

(09-08-04)

Despreciar lo sencillo

Soy pésimo como hombre de mantenimiento de mi vivienda, porque siempre que se produce una avería, un desarreglo, imagino como causa la peor y más complicada, con lo cual lo dejo estar, en espera de que llegue el equipo técnico adecuado; o sea, que si el ordenador no se enciende, pensaré que se ha fundido por dentro, no que, accidentalmente, ha quedado desenchufado de la red eléctrica.

Esta mañana de julio –vacaciones…– he hecho algo que, por sencillo, no había hecho nunca en los trece años que llevo en esta casa: ir andando tranquilamente hasta la playa, darme un baño de más o menos media hora, y volver a ducharme en la casa. Me he ido a las ocho (me levanto temprano también en vacaciones) y a las nueve y cuarto ya estaba de vuelta, duchado y vestido.

Y como este descubrimiento de algo sencillo me ha hecho recordar un pasaje del Séneca de Pemán, el Séneca que yo alguna vez veía en Las Tres Emes, la taberna de enfrente de la casa paterna (no teníamos tele), he cogido mi libro del Séneca y he leído un capítulo… Pemán, por muy facha que fuera, sólo fue un escritor, no un matarife de Franco; y no se merece tanto olvido. Aunque, ¿a qué santo no olvidamos una vez que pasa su fiesta?

En fin, ya he hecho otra cosa sencilla: ceder a la tentación de la grafomanía.