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Camino Dehesa Dílar

1. Cº Dehesa Dílar

«El albañil» de Trapiello

No copio aquí los veinticuatro primeros versos del poema, ni los siete últimos, porque creo que le sobran.

[…]

constancia de aquel día en que, jugando

en los campos de trigo y de cebada

que existían aún en las afueras

de mi viejo León,

vimos una ambulancia detenerse

junto a una casita de una planta

que tenía percales en la puerta

hinchados por la brisa cual balandros,

y al mismo tiempo vimos

nacer de la pobreza premonición y angustia.

Y los gritos, después, de las mujeres,*

y un hilo muy delgado

uniendo aquellos plantos primitivos

y el infinito virgen de los juegos

perfumados de polen. **

Cierro los ojos

y veo igual que entonces esa escena,

el cuerpo ya sin vida de aquel hombre

caído del andamio

y en el azul del cielo los vencejos

como alegres crespones del estío.

[…]

*Lo de poner entre comas el adverbio ha sido atrevimiento mío, para que ningún lector desavisado se confunda: de las mujeres es complemento de los gritos, y no de después.

**En este verso he suprimido el segundo hemistiquio, porque me recuerda demasiado una canción de Manolo Escobar.

En El violador de cometas. Sevilla, 2006.

Sabe el poeta

Ahora canta el poeta que yo soy

(un poeta decente; indecente;

indubitablemente). Soy consciente

de valer lo que vale lo que doy.

Dar (do, das, dare, dedi, datum). Do y

re. Do ut des. Mas, desgraciadamente,

lo que canto no es cosa convincente.

Ni interesa a la gente. Soy un Moi-

sés hablando en un monte con Yavé.

Y en el llano esa foule, que confunde

el hacha con la hucha, el rito con la fe.

El mal se expande, la epidemia cunde.

Y ya el poeta sabe (y ya sé)

que esta barca de Tierra se nos hunde.