Arturo Pérez-Reverte y Jon Juaristi tienen algo –y aun algos—en común: el año de nacimiento, 1951, y el publicar sus respectivas columnas el domingo: Pérez-Reverte en XLSemanal y Jon Juaristi en ABC.
Estos escritores el domingo de ayer nos ofrecieron sendos relatos de los que también se puede decir que tienen un núcleo temático común: ambos comentaban una anécdota en la que asociaban como coprotagonista a alguien –o álguienes—de entre sus amistades. Unas amistades no muy cultivadas, seguramente por culpa del mucho trabajo que siempre ve delante de sí quien se mueve en esas alturas artísticas o intelectuales. Y unas amistades muy distintas, si comparamos los dos casos: colegas en el caso de Juaristi, e individua de lo más lumpen en el caso de Pérez-Reverte. Amistades respetables en ambos casos; pero en ninguno de los dos casos amistades envidiables. Y es que… Mejor que lo diga Cicerón: … quod initio dixi: amicitiam nisi inter bonos esse non posse (traducido: …lo que dije al principio: que la amistad no puede existir sino entre los buenos).
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