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Hasta siempre, Fernando

¿Cuántos años ha cumplido Clásicos populares en Radio Nacional de España? ¿Treinta? Yo no lo sé. ¿Cuántos cientos de miles de seguidores ha tenido a lo largo de tantos años? Tampoco lo sé. El verano pasado (o hace un par de veranos, ¿qué más da?) entrevistaban a Fernando Argenta en “la última” de El Mundo; y Fernando decía, aproximadamente, que veía un futuro más bien triste en RNE; y que no descartaba acogerse a la jubilación anticipada.

Pero, mira por dónde, la que antes se ha acogido a la susodicha jubilación ha sido su pareja artística, Araceli González Campa. Los seguidores del programa (yo sólo lo soy muy parcial e imperfectamente) llevamos unos meses echando de menos la risa de Araceli, sus joviales correcciones ante los excesos de espontaneidad de Fernando…

Hoy Fernando nos ha comunicado, no que se va, sino que lo echan (él no ha utilizado ese verbo, se ha expresado con mucho comedimiento). Él ha dejado muy claro a los jefes –nos ha dicho—que él sí quiere continuar con los dos programas: con Clásicos populares y con El conciertazo. Pero sus jefes ya tienen diseñados los programas que los sustituyen.

Fernando no es bueno, es muy bueno, es genial; es un musicólogo y un comunicador sin par (y sin pareja, después de quedarse sin Araceli). Pero me temo que los que nos mandan tienen otra idea de lo que es ser bueno… Mejor es que seas no tan bueno y te atengas a las consignas, y comulgues con los dogmas. Si eres un genio independiente, para nuestros carismáticos líderes sólo eres un excéntrico peligroso. Nuestros artistas, querido Fernando –creo que dicen los jefes–, o son nuestros, o no son artistas.

Como escribía Pérez-Reverte el domingo de anteayer: “…país de mierda”.

Ruido de fondo

Si la Historia de la literatura del siglo XX tiene todavía pendientes unas cuantas revisiones para ser medianamente fiable, ¿qué decir de lo que se está escribiendo ahora, en la primera década del XXI? Por eso, a la hora de elegir lectura, lo mejor es seguir el propio gusto, aunque tal obra o tal autor no hayan merecido la atención de Babelia o de El Cultural.

A mí el columnista David Gistau me tiene conquistado. Lo leía en La Razón. Luego, él dejó de escribir, y yo de leer, en La Razón: cada uno por sus propias razones, claro. Ahora el escribe en El Mundo y yo lo leo siempre que puedo, o sea, casi siempre que escribe.

Esta pasada primavera, en abril, ha publicado su segunda novela, Ruido de fondo, y me ha gustado tanto como la primera (A que no hay huevos), o más.

No voy a desvelar nada del argumento. Sólo diré que Gistau se mueve, creo, en un terreno que conoce, a la hora de elegir ambientes y personajes; y que construye texto con mano maestra… Una palabrilla le he tachado: un pronombre lo en la página 168.

Conclusión: leed a Gistau. Espero que os guste como a mí. Se lo recomiendo incluso al cantamañanas que ha escrito la presentación del autor en la solapa. La termina así:

Ha publicado dos libros de artículos: A que no hay huevos y La España de Zetapé.

Ruido de fondo supone su primera incursión en la narrativa.

Como ya he dicho, A que no hay huevos es una preciosa novela publicada en 2004; y el libro de artículos que publicó el año pasado se titula ¿Qué nos estás haciendo, ZP? Con el siguiente subtítulo: Los desastres derivados del talante de Zapatero. Apostaría algo a que detrás de esa cag…, detrás de eso, está la mano de algún antiguo alumno de la ESO.

Crisis

Tiempos de torva faz, de reses muertas,

tiempos para apretarse la pretina

hasta partirse en dos.

Insoportable casi

la amargura de un padre que pan no lleva a casa.

Pero hay que tener fe;

porque la blanda hierba rompe el cemento y brota;

y cuando está más débil la paciencia

un manantial de gozos nos sorprende,

y de nuevo las risas se desatan

y nuestros hijos juegan sin temor a las sombras.

Y a la mesa, abastada, recordamos

a los que hemos dejado en el camino.