Sobre mi pan dorado en la asadora
un hilillo de oro oscila y pende.
Ya caliente mi pan, mas se acalora
con el fuego de oro que desciende
y lo besa, lo cubre, lo enamora.
Él piensa que una diosa lo pretende
casta, sabia, guerrera e inventora.
Se acomoda en la mano que lo asciende
y oloroso, crujiente, lubricado,
se entrega confundido a mi bocado.
Enero de 2003
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